4 abrazos de parte de Dios

Era domingo 25 de noviembre de 2018. Era el día señalado de las ordenaciones, dos en una. Dos en un mismo día y a una misma persona. La parroquia de San Joaquín se llenó de gente: feligreses, amigos del P. Rubén (varios de ellos colombianos), religiosas, guanelianos cooperadores, personas con discapacidad de la Casa Santa Teresa de las Hijas de la Divina Providencia de Madrid y del Centro Villa San José de Palencia, varias hermanas religiosas guanelianas, nuestro hermano guaneliano Julio Martín, numerosos sacerdotes de la Congregación Siervos de la Caridad y del arciprestazgo de San Blas. (Algunos sacerdotes, religiosas y laicos se habían trasladado desde Colombia, Italia, México, Santiago de Compostela, Palencia, Huelva, Alicante, Zaragoza, Valladolid…)

Presidió la eucaristía y ordenó diácono y sacerdote a través de la imposición de manos, el obispo auxiliar de Madrid, Mons. Don José Cobo Cano. Él conoce muy bien a la parroquia de San Joaquín y los padres guanelianos. Destacó en su homilía que esta parroquia es experta en besos y abrazos y que Dios hoy, a través de la eucaristía, del cariño que Dios nos tiene, del don de la fe y de la ordenación de Rubén nos da 4 abrazos que recibimos con todo cariño.

El superior general de los guanelianos, Siervos de la Caridad, P. Umberto Brugnoni, venido de Roma para las ordenaciones, presentó al hermano Rubén al obispo para que lo ordenara. Después de cantar las letanías de los santos, por dos veces el obispo impuso las manos sobre la cabeza de nuestro hermano Rubén, una para ordenarlo diácono (y le pusieron una estola cruzada) y otra para ordenarle sacerdote (y le pusieron la estola y la casulla). Le ungieron las manos como señal de bendición de Dios, para que él sea bendición para el Pueblo de Dios. Le entregaron la palabra de Dios, el cáliz y la patena y todos los sacerdotes le dieron un entrañable abrazo.

Muchas personas que participaban de la ceremonia, en distintos momentos, se iban enjugando las lágrimas de emoción. Y es cierto, el evento fue muy emocionante y se respiraba un ambiente de cercanía y de familiaridad propio del espíritu guaneliano. Dos personas presentes mandaron estos mensajes a través de WhatsApp: “Fue un día muy bonito. Rubén mantuvo su dignidad sacerdotal encomiable. Nunca una ceremonia guaneliana había sido tan radicalmente guaneliana” (Bautista Aguado). “Una ceremonia muy bonita y emotiva. Algunos de fuera, del otro coro donde yo estaba, viendo la celebración dijeron: ‘se nota calidez en esta parroquia y en esta congregación’. Se interesaron por la vida de Don Guanella y se llevaron el libro que escribió Bautista” (Alfonso Sanz).

Un momento muy especial fue cuando el P. Rubén, al finalizar la celebración, agradeció a todos por su participación y sus oraciones. Agradeció por el don de la vida y por las semillas de la fe, la esperanza y el amor recibido de sus padres y de su familia. Agradeció a la Congregación Siervos de la Caridad que lo acogió y lo acompañó en su formación. Agradeció a todos por su oración, por su cariño, sus detalles y su cercanía. Dijo que durante el proceso de su enfermedad en ningún momento se había sentido abandonado. Y siguió pidiendo sus oraciones. Por su parte el padre provincial, P. Alfonso Martínez, agradeció la aprobación que el consejo general hizo para que Rubén pudiera recibir la doble ordenación y agradeció, así mismo, al cardenal de Madrid y a Mons. José Cobo que facilitaron enormemente el que estas ordenaciones se llevaran a cabo. Dijo que media Colombia estaba unida en este acontecimiento y que Lina, una guaneliana cooperadora, y el P. Carlos Vargas Stapper, primo del P. Rubén, se había traslado desde Colombia para participar de este evento. Pidió que siguiéramos rezando por la salud de P. Rubén y por la salud de la cooperadora palentina Amparo y que siguiéramos pidiendo a Dios para que le permita poder celebrar su primera misa en Lourdes, su pueblo natal, en Colombia… Sería el segundo gran regalo de Dios, después de este gran regalo de la ordenación sacerdotal. El tercer regalo sería su sanación. Nada hay imposible para Dios. Sigamos pidiendo.

Al final de la misa, el P. Rubén se dispuso para el tradicional besamanos. Luego, un vino español para todos. Acto seguido se sirvió una comida para un grupo de unas 80 personas. Una comida sencilla pero muy alegre pues no faltaron las canciones, las felicitaciones, los regalos, los brindis y la lectura de una bonita carta que Yaquelín, hermana religiosa del P. Rubén, le había escrito a su hermano y que leyó su primo P. Carlos. Fueron otros momentos entrañables que todos vivimos con mucha emoción.

Deseamos al recién ordenado que Dios lo bendiga, que disfrute de su sacerdocio y que, si es su voluntad, Dios le conceda la sanación. Todos rezamos y nos alegramos con el P. Rubén. Felicidades.  

P Alfonso Martinez superior provincial

ALBUM FOTOGRÁFICO

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