Hay dos ofensas a la Providencia que debemos evitar: hacer gastos inútiles y superfluos y no concederse lo necesario para comer, vestir y cuidar la salud, ya que debemos confiar en que la Providencia, nuestra madre benévola, nunca permitirá que nos falte lo necesario. (SLG)

La ternura de María

1. La ternura de una mujer enamorada

Qué ternura, la de María enamorada, la de María joven. María enamorada de José. La prometida de este hombre bueno, justo, trabador. La flor de su bastón florecido expresa la pureza, la ternura y el amor profundo de José hacia su prometida. Antes del anuncio del arcángel Gabriel, María y José ya estaban prometidos. Ya se habían pedido la mano. Ya eran el uno para el otro, inseparables. María, la bendita entre todas las mujeres, preservada del pecado original, inmaculada concepción. José un joven sencillo, de pocas palabras, sincero, trabajador, atento… Nos los imaginamos como una pareja ideal, como unos novios llenos de ilusión ante el futuro, de amor sincero. Tiernamente se acariciaban sus manos, su rostro, su pelo. Se daría un beso, dos besos, cien besos, con qué ternura, con qué cariño, con qué respeto. Se amaban y vivían su fe en Dios con esmero. Te quiero, me quieres, nos queremos y Dios primero. Y primero Dios, nos casaremos, amada, amado, amor eterno.