Si aprendiésemos a vivir de Providencia más que de un sueldo, mejor nos iría. (SLG)

La ternura de María

2. La ternura de un encuentro entre dos embarazadas

Después del anuncio del arcángel Gabriel, María corre. Corre hasta donde está su prima Isabel. Se lo había dicho el ángel… ya está de seis meses tu pariente… y tú María, en la primera semana de gestación. Corre, corre, María, si es verdad lo de ella, y no lo puede disimular con seis meses, es verdad lo tuyo, de apenas unos días, desde que dijiste: “Aquí está la sierva del Señor, hágase en mí según tu palabra”. Acepto. Lo que quieras, Señor. Ternura, disponibilidad, sumisión, (su misión). Y corre… y va… y llega. Y el niño salta en el vientre de Isabel. El encuentro gozoso de dos madres que responden al proyecto de Dios. Son benditas por el fruto de sus vientres. “Dichosa tú, María que has creído en las promesas del Señor”. Qué abrazo más hermoso, mujer con mujer, prima con prima, amor con amor, y los vientres en gestación el uno junto al otro. Qué escena más tierna, qué dulce, qué bella. Ellas, ellos, y Dios en medio. En total sintonía, en total disposición. Haciendo historia en la historia de la salvación. Y María, llena del Espíritu Santo, llena de júbilo, alaba a Dios: “Proclama mi alma las grandezas del Señor, porque ha mirado la humildad de su sierva”. “El poderoso ha hecho obras grandes por mí, y derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes”. Es la ternura de María que se hace júbilo en el encuentro con su prima Isabel. Es el encuentro más hermoso entre dos madres. Es la fiesta de las madres. Es la fiesta del proyecto de vida de Dios.