Hay que ser agradecidos con la Divina Providencia, correspondiendo a sus dones y cuidando el trabajo y la economía. (SLG)

La ternura de María

3. La ternura de una madre y su hijo envuelto en pañales

Y después de estar tres meses con Isabel, hasta que el niño Juan nació, se dedicó a preparar todo para el nacimiento del Niño Dios. Ya quedaban menos de seis meses para que llegara la primera Navidad. “Prepararé los pañales -se decía María- y una cobija, por si hace frío. Esta que es muy suavecita. Ah, y este bálsamo que acaricia la piel de los niños, es una bendición. Y una cuna… eso se lo digo a José que trabaja a la perfección… y unas sabanitas y otra cobijita que haga de colchón para el bendito Dios”. Y soñar, y soñar… pensar e imaginar al Niño Dios entre sus brazos, amamantándole en sus pechos y llenándolo de besos, de caricias y acariciar su pelo… ¿díganme si no hay ternura en una madre esperando a su bebé? Díganmelo las madres aquí presentes. Qué magníficas escenas de ternura, María haciendo pañales, guardando cobijas, ideando la cuna y soñándolo entre sus brazos.. Y aunque sabemos que la realidad no fue tan tierna, pues no encontraron en Belén posada, ahí estaban los pañales y las cobijas preparadas y sus brazos de la Madre Amable, Madre Admirable, Madre de Ternura… Esa ternura que puede verse en la imagen de la Divina Providencia, un cuadro para mirarlo, para admirarlo, para rezar delante de él. Si no hay ternura en una madre con su hijo… ¿dónde encontrar la ternura?