Me apremia invitaros a todos a tener una fe grande en la Providencia del Señor, que nunca nos ha de faltar. (SLG)

La ternura de María

4. La ternura de una madre en el monte Calvario

Poca ternura puede haber cuando están matando a un hijo. Poca ternura cuando ves que a tu hijo lo están ajusticiando injustamente. ¿Dónde está la ternura de Dios cuando su Hijo está clavado a la cruz? “Dios mío, Dios mío, por qué me has abandonado”. Reza, exclama, pregunta el crucificado. Es el drama del silencio de Dios en el Calvario. Pero en la mirada de la Virgen María se puede leer lo que luego dirá María de Guadalupe en el Tepeyac: “No estoy yo aquí que soy tu madre”. Es la ternura de María que se hace presencia en el Calvario. Es la ternura de María que mirando al Crucificado se acuerda del sí generoso y total dado al arcángel Gabriel… Viene a su mente la imagen del Niño recién nacido acunándolo en Belén, envuelto en los pañales que ella había preparado con cariño… se acuerda de aquel niño que jugaba alegre, que ayudaba a su padre José en la carpintería, que convertía el agua en vino, que curaba a los enfermos, que abrazaba a los niños… Ahí está la ternura de María en los momentos de la Pasión, en silencio, en un doloroso silencio… quizá alguna lágrima se escurre por su rostro y entonces la imagen de ternura de esta madre se hace más elocuente y más bella… las lágrimas de amor herido de una madre en silencio… ternura de María en el Calvario… Y cuando descienden al crucificado exánime, ensangrentado, herido de manos, pies y costado… María lo recibe en su regazo, entre sus manos, como la imagen de la Piedad de Miguel Ángel… o la que está en la casa guaneliana de Barza d’Ispra donde la Virgen está besando a su hijo muerto entre sus brazos… Qué beso más tierno… cuánto cariño, cuánto dolor en ese beso de Madre, la tarde del Viernes Santo…

El beso de María

Tu oscura imagen de Piedad
describe la soledad
de aquel viernes santo,
aquel día en que la luz se veló
con vestido negro de sudario.

¡Qué beso tan amable,
amada, amado!
La vida muerta entre tus brazos,
apagado cuerpo, exánime,
síntesis de amor y dolor
en un gran abrazo.

¡Qué beso más amable, y qué sincero!
No es un beso de despedida,
ni siquiera de enamorados,
es beso de amor y fe en día tercero.

Nadie sabe dónde hay más cariño
si en el cuerpo entregado
o en la fe de un tierno beso.
Desde la cruz él abrazó el mundo,
luego ella abraza su cuerpo.

Juntos forman la estatua
que da vida y esperanza
en el jardín botánico de mi pueblo.