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Adviento 2017 Imprimir E-mail

"No temas que yo estoy contigo"

(Jer 1,8; 15,20; Is 43,5). El Hijo humanado que ha venido y sigue viniendo hoy para ti, quiere estar a tu lado, compartir contigo la vida de cada día, llenarte de los dones de su Espíritu, Señor y Dador de vida. De parte del Padre quiere para tu persona la bondad y el amor, la alegría y el júbilo, la paz y la justicia y sobre todo la fraternidad por la que se desgastó cuando actuaba en la tierra. Desea dar sentido a tu dolor, orientar tu sufrimiento, porque solo se ama de verdad, cuando uno se desvive por los demás. Un amor que no duele, no es propiamente amor, como lo mostraste con el ejemplo de tu vida.

«No tengáis miedo» (Mt 10,26.28.31), «tened valor: yo he vencido al mundo» (Jn 16,33). Cristo no nos deja nunca solos, quiere permanecer siempre en medio de nosotros. Esta certeza nos conduce a la contemplación de su victoria y glorificación, que se convierte a la vez en nuestro propio triunfo y exaltación, aunque para ello, como Él, hemos de pasar por el escándalo de la Cruz. Estamos llamados a cambiar la tristeza en gozo, el desánimo en ilusión, la apatía en ganas imperiosas de trabajar por el Reino, porque tenemos la seguridad de que el Fuerte está de nuestra parte con su gracia. ¡Déjanos descubrir tu presencia y disipa nuestros temores, que en muchas ocasiones atenazan nuestro obrar y nos hacen insensibles al amor!

 

No temáis, «sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo» (Mt 28,20). En verdad no ha dejado jamás de acompañarnos con su presencia y lo hará siempre mientras haya vida en la tierra. Está presente en nuestra familia, en nuestros vecinos, en los pobres y sencillos y sobre todo en nuestra comunidad de hijos y hermanos, que es la Iglesia. Su satisfacción consiste en proteger nuestra existencia cotidiana, de manera que podemos sentirnos confirmados, seguros y comprendidos. Caminar juntos vale más que pensar solos grandes planes. Llegar a la meta común significa tanto como tender al Padre, que Él nos muestra y que nos está esperando con los brazos abiertos, para colmarnos con su misericordia.

«Disipad vuestras angustias, —nos sigue asegurando hoy Jesús— vengan de donde vengan, romped las cadenas de la tristeza, sacudid la desesperanza, dejad a un lado la incertidumbre y cargaros de entusiasmo, de ganas de proseguir el camino y sobre todo de entrega a los demás mediante el cumplimiento y testimonio de mi Evangelio. Que cada persona con la que nos encontramos ocupe el centro de vuestro quehacer diario, lo mismo que ocupó el mío, que pasé por la vida haciendo el bien (Hch 10,38). Yo el Señor nunca os dejare solos, jamás os abandonaré. Lo he dicho y lo haré con toda la verdad de mi Palabra. Así fructificará vuestro Adviento y llegaréis gozosos a la Navidad, libres de culpa y abiertos a la gracia de la salvación».

Nos has amado con un gran amor, atrayendo nuestro corazón hacia ti (Mt 11,29). Lleno de omnipotencia como estás, has disipado nuestros temores. Cuando te vuelves a nosotros, lo haces sin reserva alguna, con la ternura del Hermano Mayor hacia sus hermanos pequeños, con la alegría del Amigo verdadero que nunca traiciona, como el Soberano del mundo, que muestra su señorío en el servicio. Nos sigues amando con un amor que toca lo más íntimo de nuestro ser y pide respuesta. Nos vuelves mejores, regenerándonos por dentro, llevándonos a la conversión, capaces de darnos a los demás, como Tú lo haces con todos, y como lo hace también tu Santa Madre, la Gran Esperanza del Adviento.

Luis Angel Montes Peral

Última actualización el Domingo, 03 de Diciembre de 2017 18:10