Allá por los años 60’ surgía en la ciudad de México una asociación formada por padres de personas con discapacidad llamada Fundación de Ayuda al Débil Mental, con el ánimo de atender a sus hijos de una manera especial. Buscaron la colaboración de las Hermanas Hospitalarias y abrieron dos centro de atención para personas con discapacidad, pero eran solo del sexo femenino. La Fundación necesitaba atender también al sector masculino y se pusieron a buscar quién podría llevar adelante esa misión. “El hijo de dña. María Lavin, una de los miembros de la fundación, Superior Provincial Marista –nos comenta don Alejandro Gálvez, actual presidente de la Fundación-, por entonces se encontraba en Roma y conociendo a los guanelianos, comunicó a la Fundación haber encontrado una congregación que se dedicaba a la atención de las personas con discapacidad.

El sr. Galvez y miembros de la Fundacion con superiores guanelianosEl Superior General, tras recibir la invitación del hermano marista, transmite dicha invitación al Superior Provincial del Sur. P. Pedro Scano, que entonces era consejero provincial, se acercó a México para ver, in situ, la situación. El 2 de diciembre de 1983, el Superior provincial P. Tito Credaro envía a dos religiosos y en el discurso de despedida expone varias ideas: que su viaje sería un viaje apostólico; que la llamada vino de Dios a través de la Iglesia local; que el viaje lo emprendiesen llenos de confianza, porque como siempre repitió don Guanella “es Dios quien actúa”. Monseñor Talavera, que presidió la eucaristía de despedida, recordó a los misioneros que tendrían que evangelizar en una zona donde la pobreza era la principal característica del pueblo con el que se iban a encontrar; pero que a su vez era la característica de los amigos de Dios. También les recordó que no iban en nombre propio, sino enviados por su Congregación y por la Iglesia.

P. Pedro y P. Santiago, primeros misionerosEl 4 de diciembre de 1983, Monseñor Talavera, acompañó a P. Pedro y a P. Santiago Panaro en su viaje a México. Ambos permanecieron como huéspedes de Monseñor en un primer momento.Una vez instalados, y tras acercarse al santuario de la Virgen de Guadalupe para encomendarse a ella, tienen que decidir dónde comenzará su apostolado la Obra don Guanella. Monseñor Talavera pregunta a P. Pedro “¿dónde desean trabajar?” La respuesta fue rápida y escueta: “En la zona más pobre”. Monseñor Talavera les propone entonces, que vayan a la Colonia San Miguel Teotongo en la Delegación de Istapalapa, en la periferia de la ya enorme ciudad de México. Un lugar donde empezaban los asentamientos de multitud de mexicanos que, de distintas proveniencias, se acercaban a la ciudad en busca de mejores condiciones de vida.

Aspecto de la colonia en 1983Los padres alquilan una pequeña vivienda y se instalan en esta colonia de San Miguel Teotongo, donde la gente seguían construyendo sus casas aún sin tener los servicios básicos de luz, de agua y alcantarillado. Los padres comenzaron a atender espiritualmente a la colonia celebrando la eucaristía en las “chozas” que la gente construía para usarlas como capillas. En una colonia como San Miguel, no tardaron en poder ampliar, con el espíritu de don Guanella, el servicio a los más pobres. Y lo hicieron organizando un taller de costura para madres solteras y un taller de manualidades para los "chavos banda". Sólo más adelante y siempre con el apoyo de la Fundación de Ayuda al Débil Mental, consiguieron construir un centro para atender a personas con discapacidad.

Desde entonces, muchos han sido los religiosos que han pasado por esta nación como misioneros transmitiendo el espíritu y el carisma de don Luís Guanella. P. Cosme, que estuvo durante 16 años, P. Aldo, Calogero y Tommaso –ahora sacerdotes guanelianos-, P. Peppino y P. Giampiero, P. Alfonso Martínez, P. Silvano y P. Enrico, actual Superior Provincial.

Vivienda tipica en 1983Y muchas fueron también las actividades desarrolladas a favor de la población y en particular de los más pobres. “Lo bonito de esta presencia de la Obra don Guanella, nos cuenta P. Cosme –uno de los guanelianos que durante 16 años trabajó en la colonia-, es que la colonia creció con la Iglesia y la Iglesia creció con la colonia. La gente que poblaba la colonia provenía de muy diversos lugares y ambientes culturales y la iglesia les unió. Juntos levantaron la colonia, reivindicaron los servicios básicos e hicieron posible que se convirtiera en lo que ahora es. Sólo en la iglesia encontraron el punto de unión donde sentirse identificados como barrio, como colonia. La experiencia que vivimos fue irrepetible.”

Hoy, 25 años después, la obra don Guanella, como entonces, no sólo atiende pastoralmente parte de la colonia con las 8 capillas repartidas por el barrio; sino que también cuida de ancianos, de personas con discapacidad y de todos aquellos que se acercan a recibir una atención que por sus recursos propios no podrían obtener.

La Obra don Guanella cuenta también con un Seminario donde se han formado los sacerdotes mexicanos, que ahora continúan con la obra de los primeros misioneros italianos, y colombianos.

Así pues estos días son días de celebración y de agradecimiento a Dios, el cual, a través de numerosos colaboradores ha hecho posible la obra que ahora contemplamos.