Nadie es tan débil como un niño. Se cae a cada paso y lloriquea continuamente; sin embargo tiene suerte, porque su padre, cada vez que abre la boca, acude rápidamente y lo coge en brazos. Tú eres ese muchacho grácil. Que te consuele saber que Dios es tu Padre. El corazón paterno es un corazón lleno de gracia y misericordia. (SLG)